Cuando la noche rompe
la claridad del día
y su manto se extiende
con ansia desmedida
a llenar de tiniebla
todo el orbe, precisa
que brillen las estrellas
con su luz y alegría.
En el espacio muerto
que media en cada fase,
se percibe el suspenso
que este cambio produce
y te sientes perplejo,
sin que en ningún instante
tu mente o tus reflejos
presuman este canje.
Cuando la claridad
se acerca nuevamente
venciendo a la tiniebla
con su fuerza potente,
las estrellas se esfuman,
y el Sol resplandeciente
quiere probar fortuna
en un cielo celeste.
F.V.O.
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